Descubren la historia oculta de Hatshepsut, la mujer faraón de Egipto

La imposibilidad de que una mujer gobernara el país le hizo adopar los atributos de un faraón: la barba postiza y el tocado nemes

A pesar de formar parte de la dinastía de los tutmósidas, que ostentó el poder durante el Reino Nuevo, liderar en Egipto nunca fue fácil, y mucho menos para una mujer. Hatshepsut suele ser recordada como una de las contadas féminas que alcanzaron el rango de faraón. Lo hizo en contra de todas las leyes y costumbres del Estado egipcio, aprovechando una serie de circunstancias dinásticas que le permitieron dar cauce a su ambición de poder.

Hija de Tutmosis I y su esposa principal, la reina Ahmose Nefertari, su matrimonio con su hermanastro Tutmosis II la convirtió en reina consorte y, tras quedar pronto viuda, asumió la regencia hasta que su hijastro Tutmosis III alcanzase la edad necesaria para gobernar.

Hatshepsut
Estatua de Hatshepsut con atributos masculinos. (iStock)

Sociedad machista

Durante su infancia disfrutó de todos los privilegios del poder familiar, aunque la matriarca era poco respetada. Esta situación despertó el instinto de supervivencia en Hatshepsut, que desde entonces se distinguió por su inteligencia y astucia por encima de sus dos hermanos, llamados a ocupar el trono cuando su padre faltara.

Tutmosis I falleció después de trece años al frente de una exitosa gestión, mientras su vida personal se desmoronaba. Sus dos hijos varones, que fueron educados para ocupar su lugar, también murieron y ante la falta de un primogénito para ocupar el cargo, ella se convirtió en la sucesora natural. Cuando la situación política parecía favorecerle, una conspiración entre el visir y el arquitecto real logró arrebatarle el mando y en su lugar, lo cedió a Tutmosis II, hijo ilegítimo.

Entonces, su carácter la llevó a tomar acciones contra el machismo imperante. La joven ganó popularidad a través de favores a los grandes líderes religiosos y desarrolló una relación cercana con muchos de los sirvientes del faraón, pero un movimiento político inesperado le obligó a convertirse en Gran Esposa Real y subordinarse al poder de su hermanastro.

Rostro de Hatshepsut
Rostro de Hatshepsut con atributos femeninos. (iStock)

Apariencia masculina

Tras la repentina muerte de Tutmosis II, su hijo relevó el trono, pero Hatshepsut se impuso y se autoproclamó como Esposa de Dios y faraona de las dos tierras de Egipto. El joven Tutmosis III, con apenas doce años, no pudo hacer nada para evitarlo.

Aunque se trató de la tercera faraona de la historia en ostentar el cargo, la posibilidad de que una mujer gobernara era absurda para la sociedad egipcia y Hatshepsut decidió hacer lo impensado: al cabo de siete años cambió su nombre por el de Maatkare Hatshepsut y empezó a mostrarse como único soberano de Egipto, adoptando los atributos de un faraón –la barba postiza y el tocado nemes– y los epítetos reales masculinos de Rey del Alto y el Bajo Egipto y Señor de las Dos Tierras.

Ni siquiera cuando su hijastro alcanzó la mayoría de edad renunció al poder. Así, durante casi dos décadas el país tuvo dos faraones que reinaron conjuntamente sin aparentes conflictos, aunque fue la soberana quien llevó las riendas de Egipto. Además, se crearon estatuas con los rasgos masculinos, aunque permitió que algunos femeninos, también aparecieran en ellas, como la estrecha cintura.

Puso en marcha una serie de proyectos de construcción como el complejo del templo de Karnak, donde erigió una serie de obeliscos y construyó el Palacio de Ma’at, una estructura rectangular que se compone de “una serie de pequeñas salas con otra central para la colocación del bote ceremonial y cubiertas con relieves sobre su vida”.

Templo
Templo de la reina en Luxor. (iStock)

Borrada de la historia

“Poco después de su muerte en 1457 a.C., los monumentos de Hatshepsut fueron atacados, sus estatuas arrastradas y destrozadas, y su imagen y títulos desfigurados”, escribe la egiptóloga Joyce Tyldesley en ‘BBC’. Tradicionalmente se pensaba que el responsable había sido Tutmosis III, pero investigaciones posteriores han demostrado que la operación se llevó a cabo de forma paulatina, sobre todo durante las dinastías XIX y XX.

Cayó un manto de silencio sobre su figura y se eliminaron casi todas las referencias a su reinado, como si no hubiera tenido lugar. Incluso su nombre quedó suprimido de la Lista de los Reyes, hasta que Champollion, Navillo o Carter, la restacaron de la memoria.

Su momia fue identificada en 2007 en la tumba KV 60 en el Valle de los Reyes, gracias a una tomografía computarizada de un solo diente en una caja con el nombre de Hatshepsut coincidente con un alvéolo de la mandíbula, escribe la antropóloga Meredith Small de la Universidad de Cornell. Además, describe que tenía alrededor de 50 años cuando murió, se quedó calva, sufría de diabetes, usaba esmalte de uñas negro y rojo y le gustaba el perfume.

Small escribe que a pesar de sus problemas de salud y la destrucción post-mortem de algunas de sus imágenes, la historia todavía la recuerda como una gobernante exitosa del antiguo Egipto: “Su imagen no pudo borrarse porque incluso con la autoridad, la barba y el esmalte, era una gran política. No se puede reprimir a una buena mujer”.

 

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Historia oculta de Hatshepsut
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